Cuando cae la tarde, el centro de Mérida tiene nuevos habitantes
Basta mirar hacia las copas de los árboles de la Plaza Grande para encontrarse con una escena que ya comienza a formar parte del paisaje urbano: numerosas parvadas de loros llegan al corazón de Mérida para descansar entre edificios, tráfico y movimiento cotidiano.
Su presencia ha despertado también una historia que circula desde hace años: hay quienes aseguran que algunos podrían descender de ejemplares que escaparon de cautiverio y terminaron adaptándose a la ciudad. Una versión popular que, sin evidencia concluyente, alimenta la curiosidad sobre el origen de estas poblaciones.
Lo cierto está a la vista. Los loros han encontrado alimento, refugio y espacios para moverse dentro de una ciudad que continúa creciendo.
Al caer la tarde, sus vuelos y llamados transforman por unos minutos el Centro Histórico y recuerdan que Mérida también tiene una vida silvestre que aprendió a convivir con la ciudad.
¿También los has visto llegar a la Plaza Grande?

